NUESTRA HISTORIA

"Settimo Cielo es mi sueño hecho realidad.
Como todo sueño, requirió muchos sacrificios, mucho compromiso y un poco de locura.
Pero como todo sueño, cuando se hace realidad, nunca cuesta demasiado."

La historia de Katia Alberti es una historia de pasión, determinación y amor por las telas. Desde muy joven, trabajando para una reconocida empresa textil de Bolonia, desarrolló un profundo conocimiento de los materiales, especializándose en telas para tapicería, cortinas y sofás. Sin embargo, algo no la satisfacía del todo: ver esos materiales exclusivamente para muebles no le bastaba. Sentía que podían transformarse en algo más, cobrar vida de una manera diferente, más cercana a la gente.

" Settimo Cielo nació de mi pasión por los tejidos y la moda.
Después de más de veinte años inmersa en los colores Pantone, después de pasar mis días entre rollos de tela, en telares, en la sala de tejido creando variaciones de telas para mi primera empresa, donde aprendí todo, decidí abrir mi primera tienda e intentar hacer realidad mi sueño.

Así nació su deseo de experimentar. Katia comenzó a diseñar y confeccionar sus primeras prendas, transformando su experiencia con los materiales en creaciones únicas. Impulsada por el entusiasmo, decidió dar el salto y vender sus piezas en las ferias de Budrio . Aquí, feria tras feria, fue creando una clientela pequeña y fiel. No solo vende ropa: quiere acompañar a cada clienta en un proceso de sastrería a medida, desde la elección del tejido adecuado hasta lograr el ajuste perfecto. Horas de trabajo y dedicación han transformado esta experiencia en un método único, basado en la atención al detalle y en escuchar las necesidades de quienes lucen sus prendas.

Era una boutique al aire libre, en el frío, rodeada de gente. Me divertí muchísimo y descubrí que estaba locamente enamorada de este trabajo. De ahí, el primer salto a lo desconocido: la primera tienda en las afueras, luego el gran paso, las tiendas en el centro y, finalmente, mi propia línea de producción, Settimo Cielo Laboratorio. Nunca pensé que llegaría tan lejos, pero soy testaruda y, como siempre me dicen, "soy un tren que no para".